Reflexiones sobre la identidad: el equilibrio entre quién eres y quién quieres ser

Estoy escuchando el audiolibro Atomic Habits y quiero compartir los pensamientos y reflexiones que me surgieron. No es una reseña ni un resumen; es más bien una conexión entre las ideas del libro y mi propia mente.

Una de las ideas que menciona el libro es cambiar el enfoque de las metas que quieres alcanzar hacia el tipo de persona en la que quieres convertirte, es decir, tu identidad. No se trata de lograr algo, sino de ser alguien. Alguien que realiza acciones pequeñas y significativas de forma constante. Cambios diminutos y sostenibles que, con el tiempo, marcan una diferencia real. Pequeños pasos que construyen raíces profundas.

El libro habla de hacer una repetición más en el gimnasio, tener un gesto más de amabilidad en tus relaciones, dormir un poco mejor o tomar decisiones con mayor conciencia. Estas cosas pueden parecer pequeñas, pero con el tiempo se potencian y se acumulan.

Hay una frase que me vino a la mente en español:

“Dime qué comes y te diré quién eres”.

Esta idea es realmente poderosa. Al mismo tiempo, también puede interpretarse como si implicara que tu yo actual no es suficiente. Que tienes que esforzarte constantemente por convertirte en alguien más. Entonces, ¿cómo aceptamos quiénes somos mientras también aspiramos a convertirnos en quienes queremos ser?

Quiero explorar esa pregunta más a fondo.

La idea de moldear tus hábitos en torno a la persona que quieres ser es poderosa. Las acciones pequeñas y constantes se acumulan con el tiempo y definen quiénes somos. Pero aquí está la parte delicada: si siempre nos enfocamos en convertirnos en alguien más, puede sentirse como si nuestro yo actual nunca fuera suficiente. Esa autoexigencia constante puede generar frustración o incluso culpa. Entonces, ¿cómo honramos y aceptamos nuestro yo actual mientras seguimos creciendo hacia la persona que queremos ser?

Mi dilema del “Pastel de Nata”

Déjame darte un ejemplo muy personal. Disfruto comer saludable. Mi desayuno habitual es una tortilla de verduras o un bowl de banana y frutas con yogur y avena, que me da energía y me hace sentir muy bien. Pero también me encanta el “Pastel de Nata”, y me encantaría comer uno todos los días con mi café americano.

Si decido no hacerlo para mantener mi salud, puede sentirse como una renuncia o una privación. Como si me estuviera castigando, negándome el simple placer de saborear ese delicioso y tentador manjar (¡solo de pensarlo se me hace agua la boca!).

Y ahí está el desafío: ¿cómo construimos hábitos sin sentir que estamos sacrificando constantemente nuestros placeres?

Encontrar el equilibrio: flexibilidad estratégica

Mi clave es la flexibilidad estratégica: integrar el placer y el disfrute de una manera que no sabotee los hábitos a largo plazo. No todos los gustos son “malos”. Algunos pueden planificarse conscientemente como parte de tu rutina. Esto transforma el “sacrificio” en elección y hace que tus hábitos sean sostenibles.

Por ejemplo, podría decidir disfrutar un “Pastel de Nata” los fines de semana, mientras mantengo los desayunos de lunes a viernes alineados con mis objetivos de salud. Este enfoque me permite disfrutar la vida hoy mientras sigo invirtiendo en mi yo futuro.

Suelo aplicar la regla del 80/20 (o incluso 90/10) en muchas áreas de mi vida. Básicamente significa que:

  • El 80–90% de mis días y decisiones están alineados con mi dirección y mis metas. Mis acciones diarias están alineadas con mi yo futuro.
  • Mientras que el 10–20% es para salir de la rutina, disfrutar pequeños placeres o permitirme flexibilidad. Son acciones que disfruto sin culpa.

De esta manera, puedo mantener la constancia sin sentirme privada, encontrando un equilibrio entre el disfrute inmediato o las acciones impulsivas y la coherencia a largo plazo con mis valores y objetivos.

Usar el refuerzo positivo

Otro enfoque que me vino a la mente es uno que creo que se mencionó en un episodio del podcast de Mel Robbins. Si no recuerdo mal, ella contaba que le costaba construir el hábito de entrenar a las 5 a.m. y describía un truco ingenioso: cada vez que se levantaba a esa hora para ir al gimnasio, se permitía una recompensa. Creo que era un dulce de una panadería que le encantaba. Eso cambió su mentalidad.

De repente, despertarse temprano dejó de ser un castigo y se convirtió en algo que esperaba con ilusión.

Este es un ejemplo perfecto de refuerzo positivo en la formación de hábitos: asociar un comportamiento desafiante con una recompensa inmediata lo vuelve sostenible.

Al final, la recompensa es la etapa final de cualquier hábito. Con este enfoque, un “mal hábito” se utiliza como recompensa para construir el hábito de la persona en la que quieres convertirte.

Reflexión final

Como casi todo en la vida, el desafío de los hábitos y la identidad no es blanco o negro. Se trata de elecciones conscientes. Los hábitos funcionan mejor cuando reflejan la identidad que deseas sin rechazar tu yo actual: honras quién eres mientras sigues creciendo. Al integrar aceptación, placer y decisiones conscientes, podemos construir hábitos que realmente apoyen tanto a la persona que somos hoy como a la que queremos llegar a ser.

¿Y tú?

  • ¿Cómo equilibras ser quien eres hoy con convertirte en la persona que quieres ser?
  • ¿Cómo integras el placer y la aceptación en tus hábitos sin descarrilar tu crecimiento a largo plazo?
  • ¿Qué pequeñas acciones constantes podrías empezar hoy para alinear tu yo presente con tu yo futuro?

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